Foto: Conagua
Hace poco un par de aviones caza-huracanes visitaron los aeropuertos de La Paz, Baja California Sur y de Manzanillo, Colima. Pero, ¿qué es precisamente lo que hacen dichos aviones? Pues lo primero que habría que aclarar es que no cazan (como sinónimo de eliminar o matar) a los huracanes, ni siquiera lo intentan. Su función es más similar a la de un fotógrafo de la naturaleza que a la de un cazador.
Es decir, documentan a los huracanes (que son la categoría más intensa del fenómeno genérico al que llamamos ciclón tropical). Para pronosticar hacia dónde se trasladará un huracán y si en su evolución futura se intensificará, necesitamos conocer las condiciones atmosféricas (en todo el espesor de la atmósfera) en el medio ambiente que lo contiene. Sobre tierra usualmente se hace a través de los radiosondeos (paquetes de instrumentos que miden en su ascenso con un globo y transmiten sus mediciones a tierra) en posiciones fijas sobre el terreno.
Pero siendo los ciclones tropicales fenómenos eminentemente marinos, en general no tenemos suficientes radiosondeos alrededor de ellos. Una de las funciones comunes de todos los aviones caza-huracanes es medir estas condiciones alrededor y en el interior de los ciclones tropicales a través de sondas de caída (similares a las radiosondas) las cuales se arrojan desde el avión hacia la superficie del mar mientras transmiten sus mediciones.
Existen dos tipos de aviones caza-huracanes, los que penetran y cruzan directamente al ojo (aviones de turbohélice) , y los que viajan alrededor del ciclón tropical sin penetrarlo (usualmente de propulsión a chorro —jets— por su mayor velocidad y alcance en altitud). Operativamente la penetración se realiza a una altitud de unos 10,000 pies (unos 3 km) sobre el nivel del mar cuando se trata de un sistema ya formado el que se está explorando.
La mayor parte de los vuelos operativos de penetración los realiza la Reserva de la Fuerza Aérea de los EUA con su escuadrón de 10 Hércules C-130J con base cerca de Biloxi, Mississippi). Además de los mecanismos para lanzar las sondas de caída, cuentan con las mediciones meteorológicas usuales que los aviones realizan y unos sensores bajo las alas que a través de microondas detectan la velocidad del viento sobre la superficie del mar usando la rugosidad capilar de la misma.
Pero también la NOAA (National Oceanic Atmospheric Administration, por sus siglas en inglés) cuenta con aviones de penetración (en este caso dos P3-Orión, en el futuro próximo quizá tres, con base en MacDill cerca de Tampa, Florida) que son utilizados más para investigación y que están mucho más instrumentados. Destaca en esta instrumentación un radar meteorológico en la panza del avión que obtiene cortes horizontales del huracán mientras vuela a través de él, y otro radar en la cola que obtiene cortes verticales. Ambos combinados, con el movimiento del avión, reconstruyen tridimensionalmente su estructura. En ambos casos, otra importante función es la de ubicar con mucha precisión el centro de giro del ciclón, en sus penetraciones sucesivas. Cuando un avión de la NOAA hace un vuelo de investigación, también toma las funciones puramente operativas de sus contrapartes en la Reserva de la Fuerza Aérea de los EUA.
El avión que explora la periferia es un jet Gulfstream IV de la NOAA, aunque ocasionalmente (y experimentalmente) suplementado por algunos aviones de la NASA, hoy en día inclusive no tripulados. En ambos casos, con menor frecuencia, también se lanzan de los mismos boyas instrumentadas que miden las condiciones de la parte alta del océano una vez que caen al mar.
Este programa es una aportación muy importante de los EUA a la comunidad internacional que tiene beneficios directos y evidentes para México, no solo en el caso del Atlántico Norte, sino en casos críticos también en el Pacífico Nororiental.
Así que, ¡bienvenidos los aviones (y los hombres que los tripulan) caza-huracanes!

