viernes, 14 de septiembre de 2018

ODILE (2014) ¿Aprendimos la lección?


Figura 1. Afectaciones en Los Cabos. (Foto: BCS Noticias)

El huracán Odile se ha convertido, junto con Olivia (1967), en el más devastador de los que se hayan adentrado en nuestro estado y particularmente en Los Cabos, BCS. Sus efectos se extendieron también a otras zonas de la costa atlántica mexicana y el suroeste de Estados Unidos. Odile tocó tierra el 14 de septiembre de 2014 como categoría 3 (escala Saffir-Simpson). Hubo seis fallecidos y los daños materiales se estiman en unos 2,500 millones de dólares, aproximadamente la mitad de los cuales (1.200) se encontraban asegurados. La infraestructura hotelera, principal actividad económica de la zona, quedó seriamente afectada. El análisis de los daños registrados en estos establecimientos nos permite obtener conclusiones sobre la importancia de la prevención frente al fenómeno del huracán en el sector hotelero.

A 4 años de la tragedia vivida, ¿realmente aprendimos la lección? ¿Podemos afirmar, que nuestra comunidad es resiliente? ¿Reconozco como ciudadano el rol que me toca asumir en este tipo de eventualidades?

EVOLUCIÓN

Como el resto de huracanes que acaban convirtiéndose en un fenómeno devastador, Odile tuvo su origen en una depresión tropical. Esta se inicia la madrugada del 10 de septiembre al sur del Pacífico mexicano como la Depresión Tropical 15-E y en apenas cuatro días evoluciona a huracán de categoría 4, con vientos máximos sostenidos de 215 km/h. El día 14 de septiembre a las 9:45 pm (hora local) toca tierra tras descender levemente su velocidad a 205 Km/h (categoría 3).

El pronóstico inicial tanto del National Hurricane Center y el Servicio Meteorológico Nacional establecía una trayectoria para el huracán paralela a la península de Baja California pero alejada de ella; sin embargo, sorpresivamente se produjo un cambio de dirección que enfiló el ojo del huracán hacia la punta de la península, es decir, hacia Los Cabos. Esta situación propició que el despliegue de los niveles de alerta se pusiera en marcha con cierto retraso y que muchos de los turistas no pudieran abandonar la zona; de manera que los hoteles se convirtieron en el refugio necesario para 30.000 turistas (26.000 extranjeros), lo que supuso una ocupación del 46% de la capacidad hotelera en el momento de tocar tierra.

Figura 2. Trayectorias previstas.

Figura 3. Trayectoria real.

AFECTACIONES

El huracán causó daños en el municipio más importante de la región: Los Cabos (San José del Cabo y Cabo San Lucas). El impacto de la tormenta dejó al 92% de la población del estado sin electricidad (239,000 personas), además de afectar significativamente a los suministros de agua y las telecomunicaciones. El número de viviendas afectadas se sitúo en torno a las 25,000. Se dañaron también infraestructuras urbanas, carreteras y los aeropuertos de San José y Cabo San Lucas. La inoperatividad de estos últimos, junto al mal estado de las carreteras, complicó demasiado la llegada de la ayuda humanitaria a la zona.

Luego de que al menos 22 vuelos fueron cancelados, algunos turistas acamparon en el aeropuerto internacional de Los Cabos esperando salir antes de la tormenta, pero las instalaciones suspendieron todas sus operaciones al final de la tarde. Sin embargo, posterior al impacto, se creó un puente aéreo para el traslado de residentes y turistas, contabilizándose un total de 236 vuelos; las líneas aéreas privadas se solidarizaron por la catástrofe haciendo 144 vuelos para llevar los atribulados turistas a algún punto en donde pudieran tomar algún vuelo de regreso a casa, las aeronaves de las fuerzas armadas en cambio realizaron 92 traslados, logrando en conjunto, la exitosa evacuación por ésta vía de 26 mil 685 turistas (Fuente: SCT)

Figura 4. Puente aéreo para la evacuación de turistas y residentes.

A la pérdida de seis vidas humanas se suman unos daños directos e indirectos estimados en 2,500 millones de dólares, de los que aproximadamente la mitad (1,200 millones), se encontraban asegurados.

Además de los daños ocasionados por Odile, hay que considerar los episodios de saqueo y vandalismo que se produjeron en las primeras horas tras el paso del huracán, previas a la llegada del ejército a la zona y la declaración de la ley marcial.

Figura 5. Saqueo y vandalismo en comercios de Los Cabos.

HOTELERÍA

La costa de Los Cabos se encuentra plagada de un gran número de hoteles pertenecientes a cadenas internacionales, que aportan buena parte de la actividad económica del estado de Baja California Sur. La ubicación de este tipo de hoteles en primera línea de playa, propicia que sean unos excelentes rompe olas por una parte y por la otra, las primeras edificaciones afectadas por los huracanes al tocar tierra, lo que coincide con el momento en el que estos concentran el mayor potencial destructivo, que posteriormente se debilita de forma progresiva.

Las pérdidas materiales en la infraestructura hotelera se centraron, como es habitual, en los daños provocados por la fuerza del viento: rotura de cerramientos y cubiertas, destrozo de zonas exteriores, jardinería y playa, y daños provocados por el agua (inundaciones, humedades) en instalaciones técnicas, mobiliario y elementos decorativos, lencería y un largo etcétera.

Figura 6. Daños en hotelería. Foto: 

La interrupción de la actividad y la consiguiente Pérdida de Beneficios se acercó al 100% en la actividad hotelera de Los Cabos durante las primeras semanas tras el paso de Odile. Un mes después, los primeros hoteles empezaron a abrir sus puertas de nuevo, al tiempo que aeropuertos, carreteras y el suministro eléctrico empezaban a restablecer cierto grado de normalidad. No obstante, la recuperación de la actividad a los niveles previos al huracán se prolongó durante varios meses más.

Vídeo 1. Afectaciones en hotelería en Cabo San Lucas. Anónimo.

LECCIONES APRENDIDAS

Aspectos constructivos
Salvo excepciones, los fenómenos ciclónicos tropicales no suelen dañar significativamente la estructura de las edificaciones, entendida esta como el esqueleto de la construcción; sin embargo, los cerramientos y cubiertas pueden verse afectados de manera importante en función del tipo de material empleado. El paso del huracán puso de manifiesto que los materiales sólidos (concreto, ladrillo) presentan un comportamiento aceptable, muy distinto al de los materiales ligeros, tales como las placas de fibrosilicatos, material denominado «tablaroca» en la terminología local. Este material se emplea de manera habitual en la construcción de interiores y en algunas fachadas en los edificios hoteleros de la zona de Los Cabos.


Figura 7. Fachada construida con materiales ligeros.

Una de las afecciones más repetidas en los edificios hoteleros, se debió a la rotura de los ventanales ya que, aun cuando los cerramientos exteriores dispongan de una adecuada solidez, una vez que se supera el nivel de resistencia de los ventanales, la fuerza del viento y el agua provocan daños generalizados en las habitaciones, incluyendo paredes interiores cuando estas se construyeron con materiales ligeros.

Las persianas anticiclónicas constituyen una barrera eficaz para la limitación de daños en interiores, tal como se demostró en los casos analizados y puso en evidencia la importancia de disponer de este tipo de medios. En otros casos, la protección de ventanales se realizó con tablas de madera y triplay, que si bien fueron efectivos en muchos casos, estos no garantizaron un nivel de eficacia elevado en las zonas más directamente expuestas a la fuerza del viento.

Las fuertes rachas de viento (en torno a 200 Km/h) consiguieron arrancar en muchos casos las tejas de las cubiertas y convertirlas en proyectiles que impactaron contra las fachadas y otras cubiertas próximas, en las que se provocó la rotura de la capa impermeabilizante y los posteriores daños por entrada de agua. El uso de falsas tejas construidas con placas de cemento limitó considerablemente los daños por este motivo en los edificios analizados, ya que su mayor peso y resistencia evitaron que fueran levantadas por el viento.

SEGURIDAD EN HOTELERÍA

Los Planes de Emergencia (revisados y autorizados por Protección Civil) constituyen un elemento de primer orden a la hora de limitar los daños personales y materiales en los hoteles. En el caso del huracán Odile, a pesar del escaso margen disponible debido al imprevisto cambio de trayectoria del huracán y el retraso en los alertamientos por parte de la autoridad, los hoteleros pusieron en marcha las acciones previstas para este tipo de amenazas con un resultado, en general, satisfactorio, que permitió el alojamiento en condiciones seguras de unos 30,000 huéspedes. En muchos casos se llevó a cabo el confinamiento de los turistas en recintos comunes del hotel y en otros casos, en las zonas menos expuestas, se permitió la estancia en habitaciones.

Además de la coordinación de la seguridad de los huéspedes, en la fase previa a la llegada del huracán se pusieron en marcha las actuaciones preventivas, tales como:
  • Protección de ventanales (tablones de madera, persianas anticiclónicas).
  • Cierre parcial de ciertas instalaciones técnicas.
  • Anclaje de equipamientos y estructuras al aire libre.
  • Traslado de equipos o partes de instalaciones a zonas protegidas y bodegas.
  • Protección de zonas inundables y costaleras.
  • Preparación de suministros y acopio de combustible.
  • Copias de seguridad (registros, software, etc.).

Un aspecto, no menos importante, de organización frente a este tipo de evento catastrófico, lo constituye el Plan de Contingencia o de continuidad de negocio. La rapidez y eficacia con la que se acometan las primeras actuaciones puede suponer una diferencia muy importante, a veces crítica, para la vuelta a la normalidad y la limitación de la pérdida de beneficios por interrupción de la actividad. Debe tenerse en cuenta la peculiar situación que se produce tras un siniestro de estas características, con afectación total en un área determinada, donde las comunicaciones de todo tipo se ven interrumpidas o muy afectadas y donde la posibilidad de obtención de materiales y personal calificado para la reconstrucción, presenta graves dificultades debido a la enorme demanda y escasez de recursos.

Un aspecto importante a considerar dentro del plan de contingencia, es el de la implicación del personal propio del hotel en las tareas de restitución y limpieza de las instalaciones. Para ello, debe tenerse en cuenta la posible incompatibilidad laboral que pueda establecer la legislación de cada país para ejercer estas tareas.

CONCLUSIONES

Del análisis de los daños ocasionados en la infraestructura hotelera tras el paso del huracán Odile, se ratifica la eficacia de las ya conocidas medidas preventivas más importantes frente a este tipo de fenómenos.
Que los actores principales actúen sin improvisaciones, tanto en la fase de preparación frente al evento, como en la fase posterior de normalización de la actividad.
Que la autoridad logre socializar la información de riesgos ante este tipo de eventos, creando protocolos locales, valiéndose de las tecnologías de información y de los medios de comunicación existentes. Además de la concentración de la información en alguna plataforma digital para posterior consulta e lustración por parte de la población interesada.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario